Construyendo un segundo cerebro con el que puedo hablar

Ilustración a tinta: una cabeza de perfil cuyo cráneo es un archivo de notas de papel, unida por un hilo cobalto y un enjambre de puntos a un pequeño robot.

Todos necesitamos asistir a nuestra limitada memoria con un bloc de notas. Primero fue boli y papel, un post-it por temática hasta llenar la nevera. Después llegaron las apps de notas, con anidamiento, etiquetas, búsqueda y sincronización en la nube, y apuntar cualquier cosa desde el móvil pasó a costar dos segundos.

Pero hay un problema que sigue estando ahí: la mantenibilidad y escalabilidad de nuestras notas. Cuando acumulamos muchos bloques de información, nos volvemos más lentos a la hora de encontrarlos. Llega un punto en el que tenemos tantas notas que nos olvidamos de que alguna existe, y mantener el mapa mental de dónde está cada cosa cuesta más que la propia nota.

Ahí es donde entra la IA y un stack muy interesante de herramientas.

Obsidian, la memoria

La primera es Obsidian, una aplicación de notas y gestión de conocimiento personal conceptualmente simple, pero tremendamente potente y extensible.

Obsidian funciona especialmente bien porque, por defecto, tus notas se almacenan localmente. No dependen de servidores de terceros y eres tú quien tiene el control sobre tus datos. Esto implica asumir algo más de trabajo si quieres sincronizarlas entre varios dispositivos, algo que la propia compañía resuelve con Obsidian Sync, pero en mi opinión el beneficio compensa con creces el coste.

Hermes Agent, el arnés

La siguiente pieza es Hermes Agent, de Nous Research. Y aquí es donde el sistema empieza realmente a cobrar vida.

Hermes Agent es un agent harness: una capa de software que podemos mantener ejecutándose permanentemente en una máquina, una VM, un servidor doméstico o incluso un Mac encendido 24/7, y que se encarga de conectar todas las piezas del sistema.

Podemos configurarle diferentes canales para interactuar con él. En mi caso, utilizo Telegram, de modo que mi asistente está literalmente a un mensaje de distancia desde el móvil. Puedo escribirle, enviarle una nota de voz o pedirle que haga algo, y Hermes se encarga de recibir esa intención, mantener el contexto, decidir qué necesita para resolverla y ejecutar las acciones correspondientes.

Es, en esencia, la capa de enrutado entre nosotros, nuestra memoria y las herramientas que tenemos disponibles.

Diagrama: la entrada del usuario en lenguaje natural llega al agente Hermes, capa de razonamiento y orquestación, que escribe en la bóveda de Obsidian, base de conocimiento en Markdown local, y se apoya en una capa de skills.
La capa de enrutado: entrada, agente, memoria y skills.

El modelo, la inteligencia

Hermes necesita, eso sí, un modelo de lenguaje que aporte la capacidad de razonamiento necesaria para interpretar nuestras peticiones, utilizar herramientas y decidir qué acciones ejecutar.

Y aquí lo ideal, si tenemos el hardware necesario, es utilizar un modelo local suficientemente potente para multitarea agéntica, como Qwen3.8-27B.

Esto nos permite utilizar el asistente de forma intensiva sin depender del coste por petición de un proveedor externo y, además, mantener localmente una parte especialmente sensible del sistema: el procesamiento de nuestras notas y contexto personal.

Por supuesto, ejecutar un modelo de este tamaño requiere hardware. Para quien quiera reducir mucho la barrera de entrada, Codex es una alternativa bastante asequible: podemos aprovechar una suscripción de ChatGPT Plus de 20 dólares al mes y utilizarlo como motor del agente.

Lo importante es que el modelo no es una pieza fija de la arquitectura. Hoy puede ser Codex, mañana Qwen en nuestra propia máquina y más adelante cualquier otro modelo suficientemente capaz para trabajar de forma agéntica.

La combinación es especialmente interesante porque cada pieza tiene una responsabilidad distinta:

Hermes es el arnés que orquesta todo. El modelo aporta la inteligencia y capacidad de ejecución. Obsidian proporciona la memoria. Telegram es la interfaz.

La memoria, en todas partes

Hay una última pieza necesaria para que todo esto resulte realmente cómodo: poder acceder a la misma memoria desde cualquier dispositivo.

Como Obsidian almacena el vault como ficheros Markdown normales, utilizo Syncthing para mantener una copia completa en tres sitios: mi Mac, mi Pixel y Cies, el servidor doméstico donde corre Hermes.

No existe una copia central ni una nube que actúe como intermediaria. Los tres dispositivos mantienen su propio vault y sincronizan los cambios directamente entre ellos a través de mi red privada de Tailscale.

Diagrama: Mac, Cies y Pixel mantienen cada uno una copia local del mismo vault de Obsidian y se sincronizan directamente mediante Syncthing sobre Tailscale. Hermes corre únicamente en Cies y trabaja sobre su copia local.
Tres copias locales del mismo vault, sincronizadas entre sí. Hermes solo toca la de Cies.

Hermes, de hecho, ni siquiera necesita saber que Syncthing existe. Lee y escribe directamente sobre los Markdown de Cies. Si le pido desde Telegram que guarde una idea, modifica el vault local y unos segundos después esa nota aparece en mi Mac y en el móvil. Y si escribo algo desde Obsidian en el Pixel, poco después Hermes puede encontrarlo desde Cies.

El resultado es sencillo: mi memoria no vive en un servidor remoto; vive localmente en todos mis dispositivos y se mantiene sincronizada entre ellos.

Una sola puerta de entrada

Y esta capa de enrutado cambia por completo nuestra relación con las aplicaciones.

Ya no necesito una aplicación específica para registrar mis entrenamientos, otra para guardar recetas, otra para llevar una lista de libros que quiero leer y otra para gestionar mis ideas. Puedo simplemente decírselo a Hermes.

Conversación de Telegram con el bot Botiño: un audio de doce segundos pidiendo una nota de recetas con Cochinita Pibil, la transcripción, el aviso de que está escribiendo en el vault de Obsidian, y la confirmación de que ha creado la nota Recetas que quiero investigar con Cochinita pibil añadida.
Un audio en Telegram termina como conocimiento en Obsidian.

Estoy en el gimnasio y le envío una nota de voz por Telegram, que inmediatamente recibe y transcribe con un modelo Whisper local:

“Hoy press banca, 90 kilos, tres series de ocho. Luego press inclinado, 35 kilos por mancuerna, tres series de diez. El hombro derecho me ha molestado un poco en la última serie.”

Hermes recibe el audio, lo procesa y puede utilizar el modelo y las herramientas disponibles para entender qué información contiene, estructurarla y almacenarla en Obsidian.

Yo no tengo que decidir si esto va a Gym, Recetas, Finanzas, Salud o a una aplicación especializada.

Ese trabajo lo hace la capa de enrutado.

Y aquí aparece una consecuencia que me parece mucho más importante que simplemente tener un asistente capaz de ejecutar comandos: ya no tenemos que organizar nuestra vida alrededor de aplicaciones.

Podemos tener una única puerta de entrada y dejar que el agente decida dónde debe terminar cada cosa.

Y la puerta funciona en los dos sentidos. Si añadimos un sistema de generación de voz como VibeVoice, podemos preguntarle desde Telegram por información almacenada en nuestro segundo cerebro y recibir la respuesta directamente como audio.

Por ejemplo:

“Busca en toda mi documentación sobre arquitectura de software qué decisiones tomamos sobre event-driven architecture, qué problemas tuvimos con ellas y qué cambiaríamos hoy.”

Hermes puede localizar la documentación relevante, utilizar el modelo para analizarla, sintetizar las conclusiones y devolvernos un audio explicando la respuesta.

Un modelo personal de preferencias

Imaginemos que durante años hemos ido guardando películas que hemos visto, nuestra valoración, notas sobre ellas y, sobre todo, por qué nos han gustado o no.

Si alguien nos recomienda una película nueva, podemos preguntarle:

“Me han recomendado X. ¿Crees que me va a gustar?”

Hermes puede localizar nuestras notas relevantes y utilizar el modelo para analizarlas junto con la información disponible sobre la película. En lugar de limitarse a buscar películas similares, puede razonar sobre nuestras propias preferencias:

“Creo que tienes bastantes probabilidades de que te guste. En tus notas valoras especialmente la fotografía, la construcción de mundos y las historias de ciencia ficción con cierta carga filosófica. Sin embargo, has penalizado varias veces las películas con un ritmo demasiado lento, así que ese podría ser el principal riesgo.”

Estamos convirtiendo nuestro historial de decisiones y opiniones en un modelo personal de preferencias.

Y cuanto más utilizamos el sistema, más contexto tiene para razonar sobre nosotros. No porque exista necesariamente una base de datos perfectamente estructurada de “cosas que me gustan”, sino porque existe un conjunto de recuerdos, experiencias, decisiones y explicaciones sobre los que el agente puede trabajar.

La inteligencia del sistema crece no solo porque mejoren los modelos, sino porque aumenta la cantidad y calidad de contexto personal sobre el que pueden razonar.